El Rostro · Día 14 de 30

Cuál amor

Parte dos · Conocido · 2 minutos de lectura

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Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él.
1 Juan 3:1 · Reina-Valera 1909

El rostro

Juan comienza con mirad, una invitación a un asombro genuino y activo: no un simple reconocimiento pasivo de un hecho conocido, sino asombro activo ante cuál amor se ha dado en realidad, un amor lo bastante sustancial para producir una filiación verdadera, y no un mero sentimiento ofrecido desde una distancia cómoda.

Fíjate en por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él. Esta nueva identidad se nombra aquí como algo que produce una consecuencia real: una especie de extrañeza o incomprensión de parte de quienes no la comparten, no porque algo esté mal en verdad, sino porque esta identidad está arraigada en algo que el mundo mismo no reconoce.

Vale la pena sostener esto como aliento frente a la confusión o la falta de reconocimiento que puedas experimentar de otros respecto a esta identidad más profunda que ha explorado todo este movimiento. Que el mundo no la entienda del todo no es evidencia contra la realidad de esta filiación. Se nombra aquí como la consecuencia esperada y ordinaria.

Sea cual sea la extrañeza o incomprensión que vivas de parte de otros sobre quién eres en Cristo, recibe hoy el propio mirad de Juan, asombro activo ante cuál amor ha producido esta identidad, sin desanimarte por el hecho de que el mundo no reconoce lo que no comparte.

Vuelve tu rostro

  • Mira hoy, de manera activa, el amor específico que ha producido tu identidad como hijo de Dios.
  • Fíjate en cualquier desánimo porque otros no entienden esta identidad, y suéltalo hoy.
  • Recuerda que esta extrañeza se nombra aquí como algo esperado, no como evidencia contra la realidad misma.

Oración

Señor, mira cuál amor me has dado, que yo sea llamado tu hijo. Déjame asombrarme de esto hoy, sin desanimarme por lo que el mundo no logra reconocer. Amén.

Llévalo contigo hoy

Que el mundo no reconozca esta identidad no disminuye su realidad.