No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado de Cristo Jesús.
El rostro
Pablo nombra aquí una condición honesta, todavía inconclusa: no que ya haya alcanzado. Vale la pena sostenerlo frente a la presión que sientas de presentar una identidad del todo terminada, ya transformada, como si la fe genuina exigiera fingir una plenitud que en realidad aún no ha llegado.
Fíjate en prosigo, una búsqueda activa y continua: no una resignación desanimada ante esta incompletud, sino un esfuerzo genuino y sostenido, que prosigue hacia algo todavía no alcanzado por completo, sin que esta honesta incompletud socave la realidad genuina de todo lo que este libro ya ha descrito como verdadero.
Fíjate también en aquello para lo cual fui también alcanzado de Cristo Jesús, el fundamento real de esta búsqueda: no perseguir algo del todo incierto, sino proseguir hacia aquello para lo cual Cristo mismo ya te alcanzó, una búsqueda concreta y con propósito, y no un andar sin rumbo ni fundamento.
Sea cual sea la incompletud que reconozcas con honestidad en tu propia transformación, recibe hoy la admisión honesta de Pablo como un permiso genuino. No que ya haya alcanzado, y sin embargo, prosigo: ambas cosas ciertas a la vez, la incompletud honesta y la búsqueda genuina, con propósito y continua; no una contradicción sino dos compañeras.
Vuelve tu rostro
- Nombra con honestidad un área donde la transformación sigue siendo genuinamente incompleta en tu vida.
- Prosigue hacia ella hoy, de manera activa, sin fingir una plenitud falsa ni caer en el desánimo.
- Confía en que Cristo ya te alcanzó para esta búsqueda y no te dejó solo persiguiendo la incertidumbre.
Oración
Señor, no he alcanzado ya, ni soy ya perfecto, pero prosigo, confiando en que tú ya me alcanzaste para aquello hacia lo que aún prosigo. Amén.
Llévalo contigo hoy
La incompletud honesta y la búsqueda genuina y continua son compañeras, no contradicciones.