Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
La tierra
Este salmo no describe la siembra como algo que ocurre solo después de que las lágrimas han cesado por fin. Describe una siembra hecha con lágrimas, el llanto y la siembra ocurriendo juntos, a la vez, y no uno tras otro. No se te exige esperar a sentirte del todo sereno antes de empezar a plantar lo que viene después.
Fíjate en la frase concreta el que lleva la preciosa simiente. La semilla que se lleva a sembrar, incluso entre lágrimas, se llama preciosa, valiosa, digna del esfuerzo de plantarla a pesar del duelo genuino que acompaña al acto. No es una siembra hecha con descuido o resentimiento. Es simiente preciosa, llevada con fidelidad, aun llorando.
La promesa que acompaña es concreta y completa: volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas. No una esperanza vaga de que las cosas puedan mejorar con el tiempo, sino una promesa segura, cosecha real, gavillas reales, siguiendo a una siembra real y llorosa. El llanto no descalifica la cosecha. La precede.
Sea cual sea la preciosa simiente que hoy lleves a sembrar, aun entre lágrimas reales, este salmo insiste en que las lágrimas y la siembra pueden ocurrir juntas. No esperes una serenidad que aún no tienes. Siembra ahora, con lágrimas si eso es lo que el día requiere, confiando en que las gavillas que promete este salmo vendrán sin falta.
Cuida la tierra
- Nombra la preciosa simiente que llevas a sembrar, aun entre las lágrimas de ahora.
- Siémbrala hoy, en concreto, en lugar de esperar una serenidad que aún no tienes.
- Confía en la promesa segura de este salmo más que en tus sentimientos inciertos sobre el resultado.
Oración
Señor, hoy siembro con lágrimas, pero confío en que esta simiente es preciosa y esta siembra no es en vano. Trae las gavillas que has prometido sin falta. Amén.
Llévalo contigo hoy
Las lágrimas y la siembra pueden ir juntas. No esperes la serenidad.