La Comunión · Día 13 de 30

Restaurad al tal

Parte dos · Afilados · 2 minutos de lectura

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Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado.
Gálatas 6:1 · Reina-Valera 1909

El cuerpo

Pablo da aquí una instrucción concreta para confrontar la falta de un hermano en la fe, y el tono que especifica importa enormemente: espíritu de mansedumbre, no una condena dura ni una corrección santurrona, sino restauración, la meta real y declarada, abordada con suavidad y humildad, consciente de tu propia vulnerabilidad a la misma clase de fallo.

Fíjate en considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado. Es un freno necesario contra la tentación de acercarse a la falta de otro desde una posición de superioridad supuesta, olvidando tu propia vulnerabilidad real al fallo. La restauración genuina exige esta humildad, recordar que no eres fundamentalmente distinto de quien necesita ser restaurado.

Esto ofrece una corrección necesaria contra dos errores opuestos hacia los que puede derivar la comunidad: evitar por completo la confrontación necesaria por una falsa amabilidad, o confrontar con dureza, sin mansedumbre, tratando al que falló como alguien fundamentalmente distinto y no como un compañero de lucha que necesita de verdad ser restaurado, y no solo corregido.

Considera hoy si alguna confrontación necesaria se ha evitado por falsa amabilidad, o se ha dado con dureza, sin la mansedumbre que este versículo exige en concreto. Acércate a ella, o acércate de nuevo, hoy con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, con el fin genuino de la restauración.

Fortalece el cuerpo

  • Nombra una situación que requiere confrontación y que has evitado o abordado con dureza.
  • Abórdala hoy con espíritu de mansedumbre, considerando primero tu propia vulnerabilidad.
  • Apunta en concreto a la restauración, y no solo a la corrección o la condena.

Oración

Señor, dame el espíritu de mansedumbre para la confrontación necesaria, considerándome a mí mismo, para que no sea yo también tentado. Que la restauración, y no la condena, sea mi fin verdadero. Amén.

Llévalo contigo hoy

Restauración con mansedumbre, no corrección desde una superioridad supuesta.