Y acuérdate de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.
La meta
El Predicador nombra aquí algo que conviene tomar con honestidad: los malos días, los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento. Vale la pena tomarlo como un reconocimiento sobrio y honesto de que el envejecer incluye de verdad, con toda honestidad, etapas que no son simple y uniformemente buenas, una dificultad que este libro toma en serio en vez de minimizarla.
Vale la pena examinar esto frente a cuánto de tu manera de afrontar el envejecer ha exigido una positividad constante y forzada, incapaz de llamar con honestidad a las etapas difíciles por lo que son, en lugar de la sobria honestidad de este versículo: los malos días nombrados de verdad, sin negación ni alegría artificial y forzada.
Fíjate en acuérdate de tu Criador, la instrucción concreta que se da junto a este nombrar honesto. No en lugar de reconocer la dificultad genuina, sino acordándote de él específicamente dentro de ella. Vale la pena tomarlo como el patrón de todo este libro: nombrar con honestidad la dificultad, sosteniendo a la vez un recuerdo genuino y continuo de Dios.
Sean cuales sean los malos días que hoy describen tu etapa, o los que prevés que aún vendrán, recibe hoy la sobria honestidad de este versículo como permiso genuino, y recibe junto a ella esta misma instrucción: acuérdate de tu Criador. No negar la dificultad, sino acordarte de él específicamente dentro de ella.
Termina bien
- Nombra con honestidad los malos días que hoy describen tu etapa, sin positividad forzada.
- Acuérdate hoy de tu Criador en concreto, no en lugar de este nombrar honesto, sino junto a él.
- Resiste cualquier presión hacia una alegría constante y artificial que niegue las etapas genuinamente difíciles.
Oración
Señor, me acuerdo de ti, mi Criador, aun en estos malos días, cuando tengo en ellos poco contentamiento. Déjame nombrarlo con honestidad, acordándome de ti en concreto dentro de ello. Amén.
Llévalo contigo hoy
El envejecer incluye de verdad malos días. Acordarse de Dios ocurre dentro de ellos, no en lugar de nombrarlos.