La Carne · Día 5 de 30

No codicies su hermosura

Parte uno · Ojo errante · 1 minutos de lectura

← La Carne

No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos.
Proverbios 6:25 · Reina-Valera 1909

La batalla

Este proverbio nombra específicamente “en tu corazón”. Examínalo directamente: esta instrucción atiende no solo la acción exterior sino este lugar interior descrito. Tómalo como la continuación del tema inicial de este libro: el corazón mismo es el sitio real donde ocurre esta batalla.

Fíjate en “ni ella te prenda”, un lenguaje activo: este ser prendido no es algo que simplemente te pasa de manera pasiva, sino algo que tú, en cierto sentido genuino, permites o resistes. Examina qué podría exigir en la práctica una resistencia activa a este ser prendido.

Aplícalo contra cuánto has tratado la respuesta interior de tu corazón ante la hermosura como del todo involuntaria, fuera de tu influencia real, en lugar de la instrucción de este proverbio: “no codicies”. Tómalo como un mandato genuino y practicable, no una mera observación descriptiva.

Considera hoy qué podría exigirte una resistencia activa a este ser prendido: no tratar la respuesta de tu corazón como del todo automática y sin posible influencia, sino la instrucción directa de este proverbio. Practícalo como una disciplina genuina y practicable, no como resignación pasiva.

Anda en el Espíritu

  • Considera qué podría exigirte hoy resistir de forma activa este ser prendido.
  • Fíjate si has tratado la respuesta de tu corazón como del todo automática, fuera de toda influencia.
  • Practica hoy un acto concreto y deliberado de resistencia, siguiendo la instrucción de este proverbio.

Oración

Señor, que no codicie la hermosura en mi corazón, ni me deje prender por lo que seduce. Déjame resistirlo con actividad, confiando en tu instrucción como mandato genuino y practicable. Amén.

Llévalo contigo hoy

La instrucción de este proverbio es un mandato genuino y practicable, no una mera observación descriptiva.