El Diluvio · Día 25 de 30

He aprendido a contentarme

Parte tres · En quietud · 2 minutos de lectura

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No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé estar humillado, y sé tener abundancia: en todo y por todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.
Filipenses 4:11-12 · Reina-Valera 1909

La tormenta

Pablo nombra directamente «he aprendido». Vale la pena notar esta palabra específica: no un temperamento natural, sino algo adquirido de verdad con el tiempo. Vale la pena tomarlo como ánimo si el contentamiento genuino hoy te parece lejano: no una descalificación permanente, sino una habilidad que todavía se puede, de verdad, aprender.

Fíjate en «sé estar humillado, y sé tener abundancia», este contentamiento nombrado como de verdad disponible en ambas direcciones: no un mero soportar la escasez mientras en secreto se anhela la abundancia, sino un contentamiento genuino a lo largo de ambos extremos. Vale la pena examinarlo frente a cuánto tu paz ha dependido de en qué estado te encuentras.

Vale la pena aplicarlo con honestidad al estado en que hoy te encuentres, confiando en el testimonio de Pablo de que el contentamiento se puede aprender en cualquier dirección, sin depender de que tus circunstancias cambien primero hacia el estado que hoy parezca más deseable.

Sea cual sea el estado que hoy describe tus circunstancias, recibe el testimonio de Pablo como una posibilidad genuina y que se puede aprender, y que vale la pena buscar hoy con intención, sin importar cuál sea el estado específico que hoy ocupes de verdad.

Encuentra la quietud

  • Considera qué estado ocupas hoy, abundancia o escasez, y examina tu propio contentamiento dentro de él.
  • Practica hoy un paso deliberado hacia un contentamiento aprendido, sin esperar a que las circunstancias cambien primero.
  • Confía en que el contentamiento se puede aprender de verdad, y no es un rasgo fijo que o se tiene o se carece de él para siempre.

Oración

Señor, enséñame, como a Pablo, a contentarme con lo que tengo, a saber estar humillado y a saber tener abundancia. Que esto se pueda aprender de verdad, y no quede fijado solo por mis circunstancias actuales. Amén.

Llévalo contigo hoy

El contentamiento se aprende, no es automático, y está disponible tanto en la abundancia como en la escasez.