Por lo demás, hermanos míos, confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
La batalla
Pablo nombra aquí la fuente real de fortaleza antes de cualquier instrucción sobre la armadura: confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza, no tu propia fuerza reforzada con equipo adicional, sino la suya, por completo, el poder real que toda esta armadura está hecha para canalizar y proteger, y no para reemplazar.
Este segundo movimiento, que pasa de la conciencia del primero al equipamiento real y activo, se abre con este orden crucial. La armadura no crea una fuerza que no estuviera ya. Protege y capacita la fuerza ya dada, en el Señor, y en la potencia de su fortaleza, la fuente genuina y previa.
Fíjate en vestíos, un verbo activo y deliberado, no una esperanza pasiva de que la armadura aparezca sola cuando se necesite. Toda la armadura de Dios requiere ser vestida de veras y a propósito, una elección genuina y continua, y no una posesión automática por el solo hecho de una identidad cristiana general sin esta apropiación activa y concreta.
Considera hoy lo que significa vestirte de veras y a propósito de toda esta armadura, no solo creer que existe en teoría, sino apropiártela de verdad y de manera activa, pieza por pieza, a lo largo de los días que explorará este movimiento, confiando en la fortaleza del Señor como la fuente real que esta armadura está diseñada para canalizar.
Permanece firme
- Examina si has estado confiando en tu propia fuerza y no en la fortaleza del Señor.
- Vístete hoy de toda la armadura de Dios, de manera deliberada, como una elección activa y no una suposición pasiva.
- Anticipa la exploración que viene en este movimiento de cada pieza concreta, preparándote para llevarla de veras.
Oración
Señor, sé tú mi fortaleza, y déjame vestirme de toda tu armadura de manera deliberada y activa, confiando en tu poder como la fuente real que esta armadura está hecha para proteger y canalizar. Amén.
Llévalo contigo hoy
La armadura canaliza la fuerza ya dada. No crea fuerza por sí sola.