El señor, movido a misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.
La herida
Esta parábola nombra una deuda tan grande que de verdad nunca podría pagarse, y vale la pena fijarse en la respuesta real del rey: movido a misericordia, le soltó, le perdonó. No un alivio parcial y de mala gana, sino la cancelación completa y genuina de una deuda que este siervo no tenía manera real de saldar por sí mismo.
Este segundo movimiento, que pasa del nombrar honesto de las heridas genuinas de este libro a entender de verdad el perdón recibido, se abre con este cuadro crucial. Sea cual sea la deuda que has acumulado ante Dios, aquí se nombra como de verdad, comparablemente inmensa, y de verdad, completamente perdonada: no ganada, sino dada.
Fíjate en movido a misericordia, la motivación real que se nombra directamente: no obligación ni deber a regañadientes, sino misericordia genuina. Vale la pena sostenerlo como el fundamento de todo este movimiento: el perdón de Dios hacia ti fluye de una compasión real, y no de un tecnicismo de mala gana ni de una transacción fría y distante.
Considera hoy el tamaño real de la deuda que de verdad has debido tú mismo, y recibe el cuadro de esta parábola: movido a misericordia, le soltó, le perdonó, completamente, no porque pudieras jamás pagarla, sino porque la misericordia genuina, dada gratuitamente, la canceló por completo.
Elige perdonar
- Considera con honestidad el tamaño real de tu propia deuda ante Dios, sin minimizarla ni suavizarla.
- Recibe hoy que esta deuda fue perdonada por misericordia genuina, y no por obligación a regañadientes.
- Da gracias a Dios hoy en concreto por esta cancelación completa, y no meramente parcial.
Oración
Señor, fuiste movido a misericordia, y me soltaste, y me perdonaste la deuda, completamente, no porque yo pudiera pagarla, sino porque tu misericordia es de verdad real. Amén.
Llévalo contigo hoy
El perdón de Dios fluye de una misericordia genuina, no de una obligación a regañadientes y distante.