Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.
El camino
Este tercer movimiento, que pasa de buscar sabiduría a andar de verdad en el camino que se ha aclarado, se abre con la sobria advertencia del propio Jesús: ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás. Una vez que el compromiso genuino se ha hecho, este versículo nombra el mirar atrás como incompatible con ser apto para la tarea que viene.
Vale la pena examinar con honestidad cuánto compromiso has hecho en tu encrucijada mientras, en silencio, sigues mirando atrás: dándole vueltas a la duda, manteniendo otros caminos disponibles en la mente y en el corazón como una cobertura contra la dirección comprometida que supuestamente ya escogiste.
Esto no quiere decir que el discernimiento cuidadoso y orante de los movimientos anteriores fuera en vano o innecesario. Quiere decir que el discernimiento tiene su temporada, y que una vez hecho el compromiso, seguirlo exige otra postura: la mano en el arado, el rostro hacia adelante, sin reconsiderar sin cesar lo que ya quedó resuelto.
Sea cual sea el camino que se te ha aclarado en los movimientos anteriores de este libro, examina hoy si de verdad has puesto tu mano al arado, o si sigues, en silencio, mirando atrás y cubriendo tu compromiso real. Este movimiento final explorará lo que de verdad exige avanzar por completo.
Anda el camino
- Examina con honestidad si te has comprometido de verdad, o si sigues mirando atrás en silencio.
- Pon hoy tu mano al arado, a propósito, en una acción concreta y orientada hacia adelante.
- Suelta el camino alternativo que has estado guardando disponible como una cobertura no dicha.
Oración
Señor, que ponga mi mano al arado y no mire atrás. Sea cual sea el camino que has aclarado, dame valor para andar adelante, del todo comprometido, sin reconsiderar sin cesar. Amén.
Llévalo contigo hoy
El discernimiento tiene su temporada. Después, avanzar exige otra postura.