Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual pondrá mis pies como de ciervas, y me hará andar sobre mis alturas.
El amparo
Habacuc escribe este versículo después de una queja extensa y honesta contra Dios, antes en este mismo breve libro, cuestionando la injusticia y esperando respuestas que tardaban en llegar. Este versículo final llega no porque cada pregunta haya sido respondida del todo, sino porque algo ha cambiado en la postura del propio Habacuc, una fuerza renovada que atribuye directamente a Jehová, no a su propia determinación.
La imagen de los pies de cierva es concreta y vale la pena notarla. Una cierva se mueve por terreno difícil, rocoso y elevado con una firmeza notable, capaz de cruzar terreno que sería traicionero para casi cualquier otra criatura. Habacuc no pide un terreno más fácil, sino pies capaces de recorrer el terreno que de verdad tiene.
Esta es una petición distinta de pedir que se quite la dificultad misma. Pide la capacidad de caminar con firmeza a través de ella, alturas incluidas, un terreno que sigue siendo verdaderamente difícil pero ya no está más allá de tu capacidad para recorrerlo. Fuerza dada para el terreno real, no un deseo de un terreno distinto.
Sean cuales sean los lugares altos y difíciles por los que el duelo te ha obligado a caminar, este versículo ofrece una clase concreta de oración. No necesariamente que la dificultad desaparezca, sino pies hechos lo bastante firmes, por su fuerza y no la tuya, para caminar ese terreno sin caer.
Refúgiate
- Nombra el terreno difícil concreto por el que el duelo te exige caminar ahora.
- Pide hoy un apoyo firme en ese terreno, no necesariamente que el terreno cambie.
- Confía en su fuerza, y no en tu propia determinación, como la fuente real de un paso firme.
Oración
Señor Dios, tú eres mi fortaleza. Pon mis pies como de ciervas en este terreno difícil, y déjame andar con firmeza por estas alturas, por tu fuerza y no la mía. Amén.
Llévalo contigo hoy
No un terreno más fácil. Un paso firme para el terreno que de verdad tengo.