Porque el Señor no desechará para siempre: antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias. Porque no aflige ni congoja de su corazón a los hijos de los hombres.
El refinamiento
Lamentaciones fue escrito desde los escombros de la destrucción de Jerusalén, el escenario más sombrío que ofrece la Escritura, y es precisamente aquí donde aparece esta tierna línea. Dios no aflige de su corazón. La expresión lleva el sentido de renuencia, un Padre que no se deleita en el dolor que producen su disciplina o las pruebas que permite.
Esto corrige una imagen que algunos cargan de un Dios que inflige sufrimiento con fría indiferencia, sin conmoverse por lo que le cuesta al que lo atraviesa. Ese no es el Dios de este pasaje. Aun en medio de un juicio real y merecido sobre un pueblo real e infiel, el texto insiste en su compasión, no como una idea de último momento sino como su verdadero corazón.
Esto no significa que el dolor no sea real, ni que Dios lo quite cuando se lo pides. El versículo sostiene ambas cosas: sí aflige, y no lo hace de su corazón, y la compasión según la multitud de sus misericordias viene pisándole los talones. Soberanía y ternura no son opuestos aquí. Están en la misma oración.
Sea cual sea la aflicción que cargas hoy, conoce esto sobre el corazón que hay detrás. No frío. No distante. Renuente a causarla, y pronto en compasión en el momento en que ha cumplido su obra.
En el fuego
- Fíjate en cualquier imagen que cargues de Dios como frío o indiferente a tu dolor.
- Lee este pasaje como una corrección a esa imagen, de manera específica y personal.
- Recibe hoy su compasión, aun en medio de un dolor sin resolver.
Oración
Señor, a veces te he imaginado lejos de lo que esto me cuesta. Corrige esa imagen. Tú no afliges de corazón, y tu compasión no está lejos. Amén.
Llévalo contigo hoy
Él no aflige de su corazón. Su compasión viene pisándole los talones.