El Horno · Día 26 de 30

Por la mañana vendrá la alegría

Parte tres · El Oro · 1 minutos de lectura

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Porque un momento será su furor; mas en su voluntad está la vida: por la tarde durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.
Salmo 30:5 · Reina-Valera 1909

El refinamiento

Este versículo no promete la ausencia del llanto. Le pone un límite: por la tarde, real y a menudo largo, pero no sin fin. La promesa no es que evitarás el dolor. Es que el dolor tiene una forma, un principio y un final, aun cuando estás en medio y todavía no puedes ver los bordes.

Fíjate en la honestidad del par. El llanto no se trata como una falta de confianza en Dios, algo que apresurar o por lo que pedir disculpas. Se nombra con claridad, se le da su propia noche, antes de que se mencione siquiera la alegría. La Escritura deja espacio para toda la duración de las horas oscuras en lugar de exigir una alegría prematura.

Pero el versículo no termina en el llanto. A la mañana vendrá la alegría se afirma con la misma confianza que la noche misma, no como un quizá sino como el siguiente acontecimiento de la misma secuencia. La mañana no es una posibilidad que esperas contra toda probabilidad. Es lo siguiente señalado, que sigue a la noche como siempre lo ha hecho.

Si esta noche sigues en la noche, este versículo no te apresura. Solo promete que esta noche en particular, como todas las anteriores, tiene una mañana por llegar. Que eso te baste por hoy.

En el fuego

  • Nombra el llanto específico que cargas y dale permiso de ser real.
  • Confía en que esta noche, como todas las demás, tiene señalada una mañana después.
  • Mira hoy por una pequeña señal de que se acerca la mañana, por pequeña que sea.

Oración

Señor, sigo en la noche, y no voy a apresurarme a pasar el llanto. Pero confío en la mañana que prometes. Que llegue, en tu tiempo, como siempre ha llegado. Amén.

Llévalo contigo hoy

Esta noche tiene una mañana. Siempre la ha tenido.