La Lengua · Día 4 de 30

Bendición y maldición

Parte uno · Indómita · 2 minutos de lectura

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Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, los cuales son hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas.
Santiago 3:9-10 · Reina-Valera 1909

La lengua

Santiago señala aquí una contradicción real y perturbadora: la misma boca bendice a Dios y maldice a los hombres. Examínala directamente. Merece tomarse en serio, no tratarse como algo sencilla e inevitablemente normal, como si fueran dos categorías de habla totalmente separadas que casualmente comparten el mismo origen.

Fíjate en los cuales son hechos a la semejanza de Dios, la razón concreta por la que esta contradicción importa. Aquí maldecir a los hombres queda conectado funcionalmente con cómo tratas la imagen de Dios. Sostenlo como la corrección que necesitas frente a lo poco que se ha examinado esta conexión.

Aplícalo con honestidad a la distancia que exista entre tu adoración, la bendición genuina que ofreces a Dios, y tu habla ordinaria sobre otras personas, hechas a imagen de ese mismo Dios. Examina si esta incoherencia concreta que nombra Santiago ha caracterizado de verdad tu propia boca.

Considera hoy esta contradicción concreta en tu vida: la adoración ofrecida de verdad a Dios junto con la maldición o el habla áspera que también ha salido de la misma boca, y recibe la instrucción directa de Santiago: no conviene que estas cosas sean así. Tómala como una corrección genuina y aplicable.

Guarda tus palabras

  • Fíjate con honestidad en la distancia entre tu adoración a Dios y tu forma de hablar de las personas hechas a su imagen.
  • Piensa en una persona concreta a quien hayas maldecido o de quien hayas hablado con aspereza, hecha a la semejanza de Dios.
  • Practica hoy hablar de al menos una persona como hablarías en adoración.

Oración

Señor, perdóname por bendecirte a ti mientras maldigo a los hechos a tu imagen. Que no sean más así estas cosas en mi boca, y que esta contradicción sea tratada de verdad. Amén.

Llévalo contigo hoy

Maldecir a las personas hechas a imagen de Dios está conectado funcionalmente con cómo tratas al mismo Dios.