Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.
El rostro
Este versículo da a todo el libro su imagen central: a cara descubierta, contrastada en este mismo pasaje con un rostro velado que no puede mirar de verdad. Este tercer movimiento, que pasa de ser conocido a ser transformado de verdad, se abre con esta imagen concreta: una mirada sin velo que produce un cambio real y continuo.
Fíjate en como en un espejo, un espejo antiguo, imperfecto según las normas modernas, y sin embargo suficiente para esta transformación descrita: somos transformados en la misma semejanza, de gloria en gloria. Aquí la transformación no se logra solo con esfuerzo, sino por medio de mirar, una atención sostenida hacia la gloria del Señor.
Esto cierra el círculo que conecta los tres movimientos que ha trazado este libro. Visto, conocido y ahora transformado, específicamente por medio de mirar: no con un esfuerzo separado y sin relación, sino como el fluir natural de la mirada sin velo y del conocimiento genuino hacia los que todo este libro ha ido construyendo a lo largo de sus primeros veinte días.
Considera hoy lo que significa mirar a cara descubierta, sin velo, con atención sostenida hacia la gloria del Señor, confiando en la promesa de este versículo de que ese mirar mismo produce un cambio genuino, de gloria en gloria, no logrado con un esfuerzo aparte, sino por esta misma mirada sostenida y sin velo.
Vuelve tu rostro
- Considera qué velo, si lo hay, ha mantenido tu mirada hacia la gloria de Dios menos que del todo abierta.
- Mira hoy a cara descubierta, de manera deliberada, con atención sostenida y no con un vistazo rápido.
- Confía en que este mirar mismo, y no un esfuerzo aparte, produce la transformación que describe este versículo.
Oración
Señor, déjame mirarte a cara descubierta, sin velo, y ser transformado en tu misma semejanza, de gloria en gloria, por este mirar mismo, y no solo por un esfuerzo aparte. Amén.
Llévalo contigo hoy
El mirar sostenido y sin velo produce por sí mismo una transformación genuina.