El Rostro · Día 22 de 30

Reformaos

Parte tres · Transformado · 2 minutos de lectura

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Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Romanos 12:2 · Reina-Valera 1909

El rostro

Pablo nombra dos direcciones opuestas: conformarse a este siglo, o reformarse por la renovación del entendimiento. Vale la pena fijarse en dónde se ubica específicamente esta transformación: en la mente, la renovación continua de los patrones reales de pensamiento, y no solo una modificación de la conducta externa aplicada desde fuera.

Vale la pena examinar esto frente a cuánto se hayan centrado tus intentos de cambio sobre todo en la conducta externa, corrigiendo acciones visibles, mientras que la mente de fondo, los patrones de pensamiento que producen esas acciones, ha seguido en buena parte sin renovar, aún conformada a patrones que este siglo ha moldeado en silencio.

Fíjate en para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, el resultado nombrado para esta mente renovada. La transformación genuina se conecta aquí con el discernimiento genuino: una mente renovada capaz de reconocer y comprobar la voluntad de Dios, y no solo de cumplir reglas externas impuestas desde fuera.

Considera hoy un patrón concreto de pensamiento, no solo de conducta, que sigue conformado a este siglo y no genuinamente renovado. Llévaselo a Dios de manera específica, pidiendo la renovación real de la mente que describe este versículo, y no solo una corrección externa mientras el pensamiento de fondo queda en buena parte sin cambiar.

Vuelve tu rostro

  • Identifica un patrón concreto de pensamiento, y no solo de conducta, que sigue conformado a este siglo.
  • Llévaselo hoy a Dios, pidiendo específicamente la renovación de la mente, y no solo una corrección externa.
  • Practica hoy el discernimiento, comprobando lo que es bueno y agradable, desde esta mente más renovada.

Oración

Señor, transfórmame por la renovación de mi entendimiento, y no solo por una modificación de mi conducta externa. Déjame comprobar tu buena voluntad, agradable y perfecta, desde una mente de veras renovada. Amén.

Llévalo contigo hoy

La transformación genuina ocurre en la mente, y no solo en la conducta externa.