Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuánto tengo de ser del mundo.
La meta
David hace aquí una petición concreta y algo inusual: hazme saber mi fin. Fíjate bien: no evita este conocimiento, que es lo instintivo y común, sino que pide de verdad, deliberadamente, conocerlo. Vale la pena tomarlo como la postura honesta de todo este movimiento: mirar la mortalidad de frente y no evitarla.
Fíjate en sepa yo cuánto tengo de ser del mundo, el propósito concreto que se nombra para esta petición: la humildad genuina que este conocimiento está hecho para producir. Vale la pena examinarlo frente a cuánto de tu evitar pensar en la mortalidad ha permitido en silencio una especie de orgullo práctico y sin examinar, que olvida la fragilidad genuina en lugar de recordarla con honestidad y humildad.
Vale la pena aplicar esto hoy como práctica deliberada, no como preocupación morbosa, sino como recuerdo genuino y humilde. Es la postura honesta de todo este movimiento, el ejemplo de David, que pide de verdad conocer su propia fragilidad, en lugar de la evitación más común e instintiva de este mismo conocimiento.
Considera hoy orar la petición inusual de David, hazme saber mi fin, no para producir desesperación, sino una fragilidad genuina y humilde, sostenida con honestidad. Vale la pena confiar en ello como el correctivo necesario de este movimiento frente a cualquier orgullo práctico y sin examinar que evitar este conocimiento haya permitido en silencio.
Termina bien
- Ora hoy la petición de David, pidiendo de verdad conocer tu propia fragilidad, sin evitar este conocimiento.
- Considera qué orgullo práctico y sin examinar ha permitido en silencio en tu vida el evitar la mortalidad.
- Sostén hoy este conocimiento como humildad genuina, y no como preocupación morbosa ni desesperación.
Oración
Jehová, hazme saber mi fin, y cuánta sea la medida de mis días, para que sepa cuánto tengo de ser del mundo. Que este conocimiento honesto produzca humildad genuina, no desesperación. Amén.
Llévalo contigo hoy
Conocer deliberadamente tu propia fragilidad produce humildad genuina, no desesperación morbosa.