Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
La batalla
Esto cierra el primer movimiento de este libro con el nombrar honesto y completo de Pablo. Tómalo como el reconocimiento culminante de este movimiento: un deleite genuino en la ley de Dios junto a esta guerra continua descrita, las dos cosas ciertas a la vez, con honestidad, no contradictorias sino verdaderamente reales.
Esto cierra el círculo que ha trazado todo este primer movimiento. Ya en su corazón, un pacto con los ojos, la mirada sin guardia de David, la tentación dirigida activamente a José, la concupiscencia en el corazón, la secuencia hacia la muerte, el fin amargo de la miel, caminar inconsciente hacia el degolladero, y ahora, esta instrucción urgente de huir.
Fíjate en “me lleva cautivo”. Tómalo como un reconocimiento honesto y sobrio de que esta guerra, si no se atiende, produce de verdad ese cautiverio descrito. Examina si esta misma lucha ha marcado tu experiencia. El nombrar honesto de todo este movimiento merece tomarse con seriedad real y genuina.
Al cerrarse este movimiento, recibe el nombrar honesto de Pablo como necesario, no como desesperación, sino como fundamento genuino del segundo movimiento de este libro, donde el trabajo real y práctico de renovar la mente, y no solo forzarte a cumplir, será el enfoque genuino y practicado de este libro.
Anda en el Espíritu
- Considera qué ha aclarado de verdad sobre tu lucha todo este primer movimiento de honestidad.
- Nombra con honestidad si el cautiverio, y no solo una lucha ocasional, ha marcado esta batalla.
- Lleva la honestidad de todo este primer movimiento a la exploración de la renovación genuina que viene esta semana.
Oración
Señor, veo otra ley en mis miembros que se rebela contra mi mente. Lo he nombrado con honestidad. Que esto sea ahora el fundamento de una renovación genuina y real. Amén.
Llévalo contigo hoy
Esta guerra, nombrada con honestidad, es un fundamento necesario, no algo de lo que desesperar ni que esconder.