Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor.
La batalla
Pablo nombra aquí “tener su vaso”. Examínalo directamente: una administración activa y deliberada. Tómalo como el cuadro que este movimiento necesita: tu propio cuerpo nombrado como algo que hay que tener y gobernar de verdad y con actividad, y no estar sujeto de forma pasiva a cualquier impulso o circunstancia que surja.
Fíjate en “en santificación y honor”, dos cualidades sostenidas juntas. Tómalo como el propósito combinado de este movimiento: no solo contención, sino esta dignidad más plena y descrita, tu propio cuerpo tratado de verdad con honor. Examina si esta dignidad ha marcado de verdad la manera en que te tratas a ti mismo.
Aplícalo contra cuánto has tratado tu propio cuerpo como una mera fuente de impulsos que hay que manejar o reprimir, en lugar del cuadro más pleno de este versículo: algo que hay que tener de verdad, en santificación y honor. Practícalo como el propósito digno y real de este movimiento.
Considera hoy cómo se vería en la práctica tener tu vaso en santificación y honor, no una mera contención, sino esta dignidad más plena y descrita. Practícalo hoy como una administración activa y genuina, tratando tu cuerpo con el honor que este versículo nombra directamente.
Anda en el Espíritu
- Considera qué exige hoy tener tu vaso en santificación y honor.
- Fíjate si has tratado tu cuerpo como meros impulsos que manejar, perdiendo de vista esta dignidad descrita.
- Practica hoy un acto concreto que trate tu cuerpo con honor genuino, y no con mera contención.
Oración
Señor, déjame saber tener mi vaso en santificación y honor, con actividad y deliberadamente, no solo conteniendo impulsos sino honrando de verdad mi cuerpo. Amén.
Llévalo contigo hoy
El cuerpo debe tenerse con actividad en honor, y no solo manejar impulsos contenidos.