Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente.
La batalla
Pablo nombra aquí la gracia como maestra. Examínalo directamente: no la gracia como mero permiso o indulgencia, sino la gracia misma enseñando con actividad. Tómalo como corrección necesaria contra cuánto se ha entendido mal la gracia, como si quitara la necesidad real de esta renuncia descrita, continua y deliberada.
Fíjate en “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos”, la instrucción directa de este versículo: la gracia misma enseñando esta renuncia concreta. Examina si tu entendimiento de la gracia ha incluido de verdad esta disciplina descrita y continua, o si más bien, en silencio, ha excusado su necesidad real.
Aplícalo contra cualquier suposición que haya hecho que la gracia se sienta como licencia, en lugar de la afirmación de este versículo: la gracia enseñando esta renuncia concreta y continua. Tómalo como la claridad que este movimiento necesita: la gracia genuina y la disciplina genuina sostenidas juntas, no contradictorias sino la instrucción real y combinada de este versículo.
Considera hoy qué te está instruyendo a renunciar de verdad la gracia, como tu maestra genuina, y practica hoy esta renuncia concreta. Confía en la afirmación de este versículo: la gracia auténtica, bien entendida, enseña de verdad esta disciplina, y no te excusa de su necesidad real y continua.
Anda en el Espíritu
- Considera qué te está instruyendo a renunciar de verdad la gracia, como maestra genuina.
- Practica hoy esta renuncia concreta, confiando en la gracia como maestra, y no como mero permiso o excusa.
- Examina si tu entendimiento de la gracia ha excusado en silencio esta disciplina genuina y necesaria.
Oración
Señor, que tu gracia me enseñe a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir templada, justa y píamente. Que la gracia sea mi maestra genuina, y no una excusa de la disciplina. Amén.
Llévalo contigo hoy
La gracia genuina enseña a renunciar con actividad a la lujuria, y no es una licencia que excuse esta disciplina necesaria.