No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias.
La batalla
Pablo dice “reine”. Examínalo directamente: esta palabra concreta sugiere una autoridad ejercida de verdad. Tómalo como una claridad necesaria: esta instrucción no niega que el pecado siga presente, sino que atiende si de verdad reina, si tiene autoridad. Examínalo con honestidad en tu propia vida.
Aplícalo contra cuánto has supuesto que la mera presencia del pecado significa que por eso debe reinar de forma automática, en lugar de la instrucción de este versículo: “no reine”, una negativa activa y deliberada. Tómalo como una elección de verdad disponible, y no una resignación pasiva a la presencia que el pecado tiene hoy.
Fíjate en “cuerpo mortal”. Tómalo como el reconocimiento honesto de que este cuerpo sigue siendo mortal, todavía no transformado del todo ni de manera final. Confía en que esta instrucción es practicable de verdad aun dentro de esta condición actual, honesta y mortal, sin exigir que primero llegue algún estado futuro y perfeccionado.
Considera hoy esta instrucción activa, no reine el pecado, y examina concretamente dónde tiene hoy el pecado esta autoridad de reinar en tu vida. Da hoy un paso deliberado para negarte activamente a este reinado, confiando en que esta negativa está de verdad y ahora a tu alcance.
Anda en el Espíritu
- Examina concretamente dónde tiene hoy el pecado una autoridad que reina en tu vida.
- Practica negarte activamente a este reinado hoy, y no resignarte pasivamente a su presencia continua.
- Confía en que esta negativa está de verdad a tu alcance ahora, sin exigir primero un estado futuro y perfeccionado.
Oración
Señor, que no reine el pecado en mi cuerpo mortal, para que no le obedezca en sus concupiscencias. Déjame negarme activamente a este reinado hoy, confiando en que está de verdad a mi alcance ahora. Amén.
Llévalo contigo hoy
La presencia del pecado no significa que reine. Este reinado puede negarse activamente.