Y estará, y apacentará con fortaleza de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios: y asentarán; porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.
Con el Pastor
Miqueas escribe esto siglos antes de que naciera en Belén el pastor que describe, y el cuadro que da es tierno y fuerte a la vez. Este pastor está en pie, una postura de firmeza y permanencia, y apacienta a su rebaño con fortaleza de Jehová, no con una fuerza humana frágil que tarde o temprano se agota o cede bajo presión.
Fíjate en el resultado prometido: y asentarán. La seguridad del rebaño está atada directamente a la fuerza del pastor, no a la suya. Aquí no se les pide a las ovejas que se hagan lo bastante fuertes para asegurar su propio asentamiento. Se asientan porque quien las apacienta y las guía está en pie con una fuerza que no flaquea.
Esto cierra el primer movimiento de este libro con una nota de confianza y no de sentimentalismo. Todo lo que has leído esta semana, la búsqueda, el conocimiento íntimo, la disposición a dar su vida, la guía suave de los débiles, no es una fuerza blanda que cualquiera pueda abrumar. Es una fuerza arraigada en Jehová mismo, majestuosa y duradera.
No se te pide asentarte con tus propias fuerzas esta semana ni ninguna de las que vienen después. Se te invita a asentarte bajo un pastor cuya fuerza ya ha demostrado ser suficiente para toda clase de oveja, en toda clase de pasto, durante todo el tiempo que ha existido el rebaño.
Sigue su voz
- Nombra dónde tus propias fuerzas hoy te parecen insuficientes para lo que cargas.
- Confía hoy en que tu asentamiento depende de su fuerza, no de que tú la fabriques.
- Descansa hoy bajo su majestad en vez de esforzarte por asegurar tu propia estabilidad.
Oración
Señor, tú estás en pie y apacientas a tu rebaño con una fuerza que no se acaba. Que hoy me asiente bajo tu fuerza y no bajo mi propio esfuerzo por afianzar mis pies. Amén.
Llévalo contigo hoy
Me asiento porque él está en pie. No porque yo lo esté.