Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos.
Con el Pastor
Fíjate en la imagen sorprendente: el Cordero los pastoreará. No solo el pastor, sino el Cordero, el mismo título que se usa en otros pasajes para el que fue inmolado, ahora representado en medio del trono, todavía, de manera notable, en la postura de pastorear y guiar a su rebaño. El pastor que entregó su vida es el mismo que guía por la eternidad.
Este es el destino final hacia el que ha apuntado toda esta historia de pastoreo, no un arreglo temporal solo para esta vida, sino una realidad eterna: fuentes vivas de aguas, no solo aguas de reposo que calman el miedo, sino una provisión viva, permanente, sin fin. Y, de manera asombrosa, Dios mismo limpiando toda lágrima.
Este cuadro final replantea cada valle, cada descarrío, cada dificultad que este libro ha nombrado a lo largo de treinta días. Nada de eso es el capítulo final. El capítulo final es un Cordero que sigue pastoreando, aguas que nunca se secan, y toda lágrima limpiada personalmente por la mano de Dios mismo, no dejada simplemente a que se desvanezca con el tiempo.
Sea cual sea el duelo o las lágrimas que cargues hoy, no están siendo ignoradas ni descartadas. Están nombradas específicamente en esta promesa, vistas por Dios, y destinadas a ser limpiadas, personalmente, por la misma mano que te ha pastoreado por cada valle antes de este.
Sigue su voz
- Nombra las lágrimas concretas que cargas hoy, sin minimizarlas.
- Confía en que son vistas y serán limpiadas personalmente, no ignoradas ni descartadas.
- Espera hoy hacia las fuentes vivas prometidas, y no solo hacia las aguas de reposo de esta vida.
Oración
Cordero de Dios, sigues pastoreando y guiando a tu rebaño, aun desde el trono. Limpia las lágrimas que cargo hoy y guíame hacia las aguas vivas que has prometido. Amén.
Llévalo contigo hoy
Cada lágrima es vista, y será limpiada personalmente.