Los perdonados · Día 20 de 30

Como también yo tuve misericordia de ti

Parte dos · Perdonado · 2 minutos de lectura

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¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?
Mateo 18:33 · Reina-Valera 1909

La herida

Esto cierra el segundo movimiento de este libro con el giro real de la parábola: el siervo a quien se le acababa de perdonar una deuda inmensa, que se niega a perdonar una deuda mucho menor que se le debía, y la pregunta directa y punzante del rey: como también yo tuve misericordia de ti. Vale la pena sostenerla como el desafío final y sobrio de este movimiento.

Esto cierra el círculo que ha trazado todo este segundo movimiento. Una deuda demasiado grande para pagarla, perdonada por misericordia genuina. El perdón medido contra la medida real de Dios. Un alcance completo que incluye cualquier queja. Una distancia que nunca converge. Profundidades fuera de toda recuperación. El olvido deliberado. El perdón dicho dentro del sufrimiento. La conexión genuina. La gracia previa.

Fíjate en que el fracaso real de este siervo no fue dudar de que se le había perdonado, sino no dejar que ese perdón genuino reconfigurara de verdad cómo trató después a otra persona. Vale la pena sostenerlo como el puente preciso hacia el tercer movimiento de este libro: entender el perdón lo bastante a fondo para que deba extenderse de verdad hacia afuera.

Al cerrarse este movimiento, recibe como tuya la pregunta punzante de este rey. Como también yo tuve misericordia de ti: esa misma misericordia, examinada ahora para ver si ha reconfigurado de verdad cómo tratas a quien te debe algo mucho menor de lo que a ti ya, genuinamente, se te ha perdonado.

Elige perdonar

  • Considera si el perdón que has recibido ha reconfigurado de verdad cómo tratas a otros.
  • Hazte hoy la pregunta de este rey: como también yo tuve misericordia de ti.
  • Lleva la comprensión de todo este segundo movimiento a la práctica real del perdonar que viene.

Oración

Señor, tuviste misericordia de mí, y perdonaste una deuda inmensa. Que esta misericordia reconfigure ahora cómo trato a quien me debe algo mucho menor, como preguntó el rey de esta parábola. Amén.

Llévalo contigo hoy

La recepción genuina del perdón debe reconfigurar de verdad cómo tratas después a otros.