Los Liberados · Día 25 de 30

Ninguna condenación

Parte tres · Libres · 2 minutos de lectura

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Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Romanos 8:1-2 · Reina-Valera 1909

La cadena

Pablo nombra aquí una afirmación completa, ninguna condenación, que vale la pena sostener directamente frente a toda acusación implacable que los movimientos anteriores de este libro han nombrado, el día nueve de la exploración del libro previo sobre el enemigo, todavía pertinente aquí, la condenación nombrada específicamente como ausente de verdad y por completo para los que están en Cristo Jesús.

Fíjate en «me ha librado de la ley del pecado y de la muerte», el mecanismo concreto que se nombra: la ley del Espíritu de vida que de veras releva, reemplaza, a esta otra ley por completo, no solo mitigando sus efectos sino librando verdadera y completamente de su autoridad gobernante.

Vale la pena examinar esto frente a cuánto ha seguido caracterizando la condenación, y no el «ninguna condenación» de este versículo, tu experiencia interna sobre esta lucha concreta: la culpa y la autoacusación persisten a pesar de la afirmación directa y completa de este versículo sobre lo que es de veras verdad.

Sea cual sea la condenación que hoy persiste en tu experiencia sobre este patrón, recibe la afirmación real y completa de este versículo. Ahora pues, ninguna condenación hay. Que esta verdad firme, y no la autoacusación implacable y continua, sea lo que de veras gobierne cómo entiendes tu posición actual delante de Dios.

Rompe la cadena

  • Fíjate en cualquier condenación continua que haya persistido a pesar de la afirmación completa de este versículo.
  • Recibe hoy ninguna condenación como algo de veras verdadero, y no solo teóricamente correcto.
  • Deja que esta verdad firme gobierne hoy cómo te ves a ti mismo, y no la autoacusación implacable y continua.

Oración

Señor, ahora pues, ninguna condenación hay para mí, en Cristo Jesús. Que esta verdad firme gobierne de veras cómo me veo hoy, y no la autoacusación implacable y continua. Amén.

Llévalo contigo hoy

Ninguna condenación es verdad completa y real, no una afirmación solo teórica.