Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.
La vid
Jesús dice estas palabras en medio de una conversación sobre el divorcio, y el peso de la frase descansa en su primera afirmación: lo que Dios juntó. El matrimonio, en este marco, no es solo un arreglo humano que dos personas armaron y por tanto podrían desarmar con la misma facilidad. Se describe como una unión hecha por Dios mismo.
Esto debería cambiar cuán en serio tomas la protección continua de tu propio matrimonio. Si fuera una mera construcción humana, su disolución humana no tendría un peso especial. Pero si de verdad es lo que Dios juntó, entonces guardarlo, luchar por él, negarse a que algo lo aparte, se vuelve un acto de honrar lo que Dios mismo ha hecho.
Fíjate en la construcción: lo que Dios juntó. No lo que tú juntaste con la bendición de Dios, como si Dios fuera testigo de un acto sobre todo humano, sino lo que Dios mismo juntó, con tu cónyuge y contigo como los que fueron unidos por su propia acción. El matrimonio es, en un sentido real, obra suya tanto como tuya.
Sea cual sea lo que hoy presiona tu matrimonio, amenazando con apartar lo que fue juntado, recuerda de quién es en realidad esta unión. Lucha por él, no solo como tu propio proyecto, sino como algo que Dios mismo ha hecho, digno de protegerse como acto de honrar su obra.
Cuida la vid
- Nombra una presión concreta que hoy amenaza con apartar lo que Dios juntó.
- Lucha hoy por tu matrimonio como un acto de honrar la obra de Dios, y no solo la tuya.
- Pídele a Dios que guarde activamente lo que él mismo juntó.
Oración
Señor, tú nos juntaste. Que guarde lo que has hecho, luchando por este matrimonio como un acto de honrar tu obra, y no solo defendiendo mi propio proyecto. Amén.
Llévalo contigo hoy
Este matrimonio es unión de Dios, y no solo un arreglo humano.