El que halló esposa halló el bien, y alcanzó la benevolencia de Jehová.
La vid
Este proverbio nombra el matrimonio como un bien hallado, y lo une a la benevolencia de Jehová alcanzada. Las dos palabras merecen atención. Halló sugiere algo de verdad valioso que fue buscado, y no tropezado sin cuidado. Alcanzó sugiere un favor real recibido, no mera suerte, sino gracia dada por Dios mediante esta relación concreta.
Es fácil oír este proverbio como una bendición general sobre el matrimonio en abstracto, y más difícil aplicarlo en un martes cualquiera, cuando el bien hallado no se siente especialmente bueno en ese momento. Pero el proverbio no condiciona su afirmación a las circunstancias. Nombra el matrimonio, en general, como un bien y como favor de Jehová, aun en los días comunes.
Vale la pena volver a esto sobre todo en los días en que tu cónyuge se siente más como una carga que como una bendición, más como fricción que como favor. La afirmación del proverbio nunca se limitó a las estaciones fáciles. Es una declaración sobre la naturaleza del bien mismo, verdadera debajo de la superficie de la dificultad de cualquier día.
Mira hoy a tu cónyuge y nombra, en concreto, qué fue lo que de verdad se halló aquí, qué favor de Jehová representa de verdad esta relación, aunque hoy no haya hecho fácil verlo con claridad por sí solo.
Cuida la vid
- Nombra en concreto qué bien se halló de verdad en tu cónyuge.
- Fíjate en una manera en que este matrimonio ha sido favor de Jehová, aun en una semana común.
- Dile hoy a tu cónyuge, en voz alta, una cosa concreta que agradeces haber hallado.
Oración
Señor, gracias por el bien que hallé en mi cónyuge, y por el favor que este matrimonio representa. Que lo vea con claridad hoy, aun en un día común. Amén.
Llévalo contigo hoy
Un bien hallado, y la benevolencia de Jehová alcanzada.