Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
La lámpara del mundo del salmista era una cosa pequeña, un plato de barro con aceite y una mecha flotante, que daba un modesto círculo de luz, suficiente para guardar el pie del viajero de la piedra y del hoyo, pero no más. No alumbraba todo el camino por delante. Alumbraba el siguiente paso. Y esta es la imagen misma que busca el salmista cuando habla de la palabra de Dios. Lámpara es a mis pies tu palabra, dice, y lumbrera a mi camino. No un reflector lanzado a lo largo de toda la distancia que ha de recorrer, sino una lámpara para los pies, una luz para el pequeño tramo de senda sobre el que caerán sus próximos pasos.
Preferiríamos el reflector. Queremos ver todo el camino de una vez, los años por delante extendidos e iluminados, cada vuelta conocida, el destino visible desde donde estamos. Y Dios, en su sabiduría, casi nunca lo da. Da la lámpara, y la lámpara muestra el paso. Esto no es tacañería. Es una bondad de una clase que tardamos en entender, porque si pudiéramos ver todo el camino lo andaríamos por vista y no por fe, y lo andaríamos solos, consultando nuestro mapa, sin necesidad ya de alzar los ojos. La lámpara que muestra solo el paso nos mantiene andando cerca de Aquel que la sostiene, volviendo a su palabra cada mañana por la luz de la pequeña distancia de ese día.
LUZ PARA EL SIGUIENTE PASO
Así que el andar de la fe es un andar a la luz de una lámpara, un paso iluminado a la vez. Abraham es el gran ejemplo, quien, siendo llamado a salir al lugar que había de recibir por heredad, obedeció, y salió sin saber dónde iba. Tenía luz suficiente para dar el siguiente paso, la clara palabra de Dios de ir, y no tenía el mapa. Caminó hacia la oscuridad con la fuerza de la lámpara, y la lámpara no le falló, aunque nunca le mostró más que el suelo bajo sus pies. Así han andado siempre los fieles, no viendo el fin, sino viendo el paso, y confiando en Aquel que lo alumbra.
Y hay una misericordia en que se nos mantenga en el paso. Si Dios nos mostrara todo el camino, los gozos por delante los agarraríamos antes de tiempo, y las penas por delante no podríamos soportar verlas desde aquí. Vela la distancia y alumbra el paso, y así se nos ahorran la presunción y el espanto, y se nos deja lo único necesario, el siguiente acto de obediencia, claramente iluminado. Da ese paso, y la lámpara avanza, y se alumbra el siguiente, y así se cruza todo el camino oscuro, no viéndolo todo a la vez, sino andando fielmente a la luz dada para cada paso conforme llega.
LA PALABRA Y NINGUNA OTRA LUZ
Pero fíjate bien en lo que es la lámpara. Es tu palabra, dice el salmista, y no se nombra nada más. No nuestra propia razón, que es una vela que se apaga con cualquier viento. No nuestros sentimientos, que se avivan y se atenúan con el clima del alma y llevan tantas veces al hoyo como lo rodean. No la sabiduría del mundo, que es oscuridad vestida de luz. La única lámpara confiable para los pies es la palabra de Dios, y el mundo por el que la llevamos es oscuro. Hacéis bien, dice el apóstol, de estar atentos a la palabra como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca. Hasta que amanezca el día estamos en la oscuridad, y hay una sola lámpara para ella, y andar sin esa lámpara es tropezar.
El Señor mismo lo dijo con claridad. El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. El que anda sin la lámpara de la palabra no solo carece de información; anda de noche, y la noche lo hace tropezar. Confunde el hoyo con la senda y la sombra con el camino, y cae, no por falta de intento sino por falta de luz. Y el que anda en tinieblas y carece de luz, dice el profeta, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. La lámpara es la palabra, y la palabra apunta siempre al Señor que es él mismo la luz.
ANDAR EN LA LUZ
Sin embargo, una lámpara no sirve de nada al hombre que no quiere andar por ella. La luz brilla sobre el paso, pero el pie debe ponerse en verdad donde cae la luz, o la lámpara se desperdicia. Por eso el salmista no se limita a admirar la palabra sino que anda por ella, y por eso la Escritura hace de toda nuestra comunión con Dios un asunto de andar en la luz. Si andamos en luz, dice el apóstol, como él está en luz, tenemos comunión entre nosotros. La luz debe ser obedecida, paso a paso, o se vuelve solo algo que estudiamos y no seguimos. Leer la lámpara y andar en la oscuridad es la necedad contra la que está escrito todo el salmo.
Y hay este gran ánimo: que al hombre que anda por la lámpara que tiene se le da más. La senda de los justos, dice el proverbio, es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. La luz no se queda por siempre en un débil parpadeo. Crece. El alma que anda fielmente por la pequeña luz de cada paso halla que la luz se fortalece a medida que avanza, el camino aclarándose hacia un día perfecto, hasta que al fin la lámpara es tragada por el alba y la fe cede el lugar a la vista. Pero la luz creciente se da al pie que anda, no al ocioso. Anda por el paso que puedes ver, y el Dios que lo alumbra alumbrará el siguiente.
UNA LÁMPARA ADENTRO
La palabra es lámpara no solo para el camino de afuera sino para la oscuridad de adentro, y esta es la más honda de sus dos luces. El principio de tus palabras alumbra, dice el mismo salmo; hace entender a los simples. La palabra, al entrar en el alma, la alumbra desde dentro, nos muestra a nosotros mismos, ilumina las habitaciones oscuras y atestadas del corazón en las que habíamos aprendido a vivir sin verlas nunca con claridad. Un hombre puede andar bien el camino exterior y ser sin embargo todo oscuridad por dentro, y la palabra se da para alumbrar también ese país interior, para mostrarle lo que de verdad hay allí, y para guiar no solo sus pasos sino sus pensamientos y sus amores.
Por eso la palabra debe llevarse dentro y no solo consultarse desde fuera, como una lámpara guardada en la casa y no un letrero que se pasa en el camino. En mi corazón he guardado tus dichos, dice el salmista, para no pecar contra ti. La lámpara escondida en el corazón está allí cuando las Escrituras no están abiertas sobre la mesa, allí en la hora oscura y la tentación repentina y la noche en vela, derramando su luz desde dentro cuando ninguna luz de afuera puede llegar. Así que el alma sabia guarda la palabra dentro, la memoriza, la rumia, la entierra hondo, para que la lámpara esté siempre encendida en el cuarto interior, y la oscuridad del corazón nunca carezca de luz.
Y la luz de adentro crece con el uso. Cuanto más se guarda la palabra en el corazón, más alumbra, hasta que un alma empapada largo tiempo en la Escritura halla que la palabra se levanta sola en la hora de necesidad, el versículo justo encendiéndose en la oscuridad exactamente cuando el pie está cerca del hoyo. Esto no es casualidad ni un don especial para unos pocos. Es el fruto ordinario de la disciplina ordinaria de guardar la palabra dentro, la lámpara recortada y llena en los días de luz para que arda en los días de oscuridad.
CUANDO LA LÁMPARA PARECE APAGARSE
Hay estaciones en que aun el caminante fiel parece perder la luz, cuando el camino por delante se oscurece del todo, cuando la providencia es un enigma y la palabra misma se siente cerrada, y el siguiente paso no se ve en absoluto. La Escritura no finge que estas estaciones no existen. ¿Quién hay entre vosotros, pregunta el profeta, que anda en tinieblas y carece de luz? No dice que tal alma sea infiel o abandonada. Le da un mandato para la oscuridad. Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. Cuando no puedas ver el paso, confía en Aquel que alumbró el último. Cuando la lámpara parezca apagada, apóyate en el Dios que la dio.
Porque la providencia oscura no es el fracaso de la lámpara sino la prueba del caminante, y la manera de pasarla es seguir andando por la última luz clara que se te dio, el deber sencillo que ya conoces, la obediencia que tienes justo delante, aun cuando no puedas ver más allá. Haz lo siguiente correcto que la palabra ya te ha mostrado, y hazlo en la oscuridad, y hallarás que la lámpara nunca se había apagado de veras, sino que Dios te enseñaba a andar por fe donde te habías acostumbrado a andar por vista. La mañana llega a los que siguen andando a través de la noche, y el Dios que alumbra el paso no abandona al alma que confía en él en la oscuridad.
Así que no te quedes quieto exigiendo todo el camino antes de moverte. Esa luz no está prometida, y no hace falta. Toma la palabra cada mañana como la lámpara para los pies de ese día. Busca el siguiente paso que alumbra, el deber sencillo, el mandato claro, la obediencia que tienes justo delante, y pon allí tu pie, sin saber todo lo que hay más allá, confiando en Aquel que sostiene la lámpara. La distancia es oscura, pero el paso está alumbrado, y el paso basta. Lámpara es a mis pies tu palabra, dice el salmista, y lumbrera a mi camino, y por esa lámpara, un paso fiel a la vez, se cruza a salvo todo el camino oscuro.
El encargo
- Deja de exigir ver todo el camino antes de moverte. Pide a la palabra solo el siguiente paso, y dalo.
- Examina la lámpara por la que andas. Si te guías por el sentimiento o por la sabiduría del mundo y no por la palabra, deja la luz falsa.
- Anda en la luz que ya tienes. Haz lo sencillo que la palabra te ha mostrado con claridad antes de pedir que se te muestre más.
La oración
Señor, he querido todo el camino alumbrado y me he quedado quieto cuando solo me dabas el paso. Perdona mi exigencia de vista cuando me has llamado a la fe. Haz de tu palabra la lámpara para mis pies, y enséñame a andar por la luz del siguiente paso, confiando en ti para la oscuridad que está más allá, hasta que la senda se aclare hacia el día perfecto. Amén.
Llévalo contigo
Él alumbra el paso, no todo el camino, para que yo ande cerca de él.
Para estudiar más a fondo
Luz para el paso, la única lámpara verdadera, la senda que se aclara. Siéntate con cada uno.
- Salmo 119:105Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
- Proverbios 4:18La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.
- 2 Pedro 1:19Como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca.
- Juan 11:9, 10El que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.
- Hebreos 11:8Salió sin saber dónde iba.
- Isaías 50:10Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.