Por tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús.
El camino
Este versículo describe el andar real que explora este movimiento final con la imagen de una carrera, y vale la pena notar que la paciencia se nombra junto al correr: no una carrera breve que exige solo un arranque inicial de energía, sino paciencia, aguante a lo largo de la distancia que la carrera que nos es propuesta de verdad requiera.
Fíjate en dejando todo el peso, una disciplina activa necesaria para este correr paciente: cualquier estorbo, por menor que parezca, que pudiera frenar o distraer de la carrera real y continua. No es una sola decisión tomada una vez en la línea de salida, sino una disciplina activa y continua que se necesita a lo largo de toda la distancia que aún queda.
Fíjate también en puestos los ojos en Jesús, el punto de enfoque concreto que se nombra para este aguante paciente, no mirando atrás a lo que se dejó, la advertencia del día anterior, sino mirando hacia adelante y hacia arriba, hacia Jesús en concreto, el autor y consumador, el origen y también la culminación de esta carrera que se confía a él.
Sea cual sea el aguante paciente que exige hoy tu propio avanzar, deja el peso que ahora amenaza con frenarte, y fija tu mirada en concreto en Jesús, confiando en él como autor y consumador, el que empezó esta carrera en ti y la llevará a su verdadera culminación con fidelidad.
Anda el camino
- Identifica un peso concreto que ahora amenaza con frenar tu correr paciente.
- Déjalo hoy, a propósito, como una disciplina activa y no como una decisión de una sola vez.
- Fija hoy tu mirada en Jesús, no hacia atrás, sino hacia adelante, hacia él.
Oración
Señor Jesús, que deje todo peso, y corra con paciencia la carrera que me es propuesta, puestos los ojos en ti, el autor y consumador, confiándote ambas cosas. Amén.
Llévalo contigo hoy
El aguante paciente exige disciplina continua y un enfoque firme y hacia adelante en Jesús.